Bajar de peso en un dia urgente express

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Prólogo Camino de doble vía, la relación entre cultura y turismo es, en términos históricos, novedosa.

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Estrategia y fin a un mismo tiempo, hoy la articulación de estas dos esferas propone una visión reverdecida del desarrollo económico y social de un territorio. La cultura de un pueblo sintetiza la expresión de su identidad. En gran parte del viejo continente, la puesta en valor del patrimonio cultural determinó la generación de una industria que, sin duda, fue el punto de partida de la recuperación de gran parte de Europa.

España, por caso, ha alcanzado un nivel de excelencia en la materia: transformó el turismo cultural en una actividad generadora de riqueza.

En la Argentina, la unidad política se combina con un capital cultural diverso y formidable, del que todos gozamos y ayudamos a mantener vivo. El fomento, la protección y la celebración de la diversidad, en sus diferentes matices, es garantía de la prosperidad cultural de nuestro país.

Su revalorización resulta, en consecuencia, una herramienta generadora de turismo y de todos los beneficios a él asociados. Para su justa apreciación, la diversidad cultural argentina exige alta capacitación y demanda vastos conocimientos. En este sentido, este volumen condensa dos tipos de iniciativas tendientes a generar saberes y capacitar recursos humanos que potencien la gestión conjunta de las políticas cultural y turística.

Impulsando acciones como estas, la Secretaría de Cultura de la Nación suma esfuerzos para enriquecer una política cultural articulada con una política de turismo, que esté profundamente comprometida con la preservación y la salvaguarda del patrimonio argentino y la memoria colectiva.

Jorge Coscia Secretario de Cultura de la Nación. Mediante una convocatoria abierta a todas las provincias, se integró un equipo de trabajo que debatió sobre esta particular relación, centrando las reflexiones en temas de itinerarios culturales, interpretación del patrimonio, estrategias de difusión y promoción de los bienes culturales y su impacto en relación con las políticas del sector turístico.

Ese debate ha dejado un saldo altamente positivo en los trabajos que se publican en este volumen y constituye el insumo principal para el diseño curricular de una segunda etapa de capacitación. Las ofertas de bienes de alto valor patrimonial en la grilla de opciones turísticas es creciente y ello impone políticas comunes y coordinadas que permitan a cada sector ejercer a pleno su competencia sobre esos bienes.

Es una realidad que las declaratorias o la integración en la lista de bienes protegidos local o internacionalmente, impone la necesidad de estrategias conjuntas entre la demanda de visita de esos espacios y las acciones de protección para su sostenibilidad. Hay numerosos ejemplos de conjuntos naturales y culturales protegidos en los que la acción permanente de las estrategias turísticas ha avanzado en la supervivencia de ese bien.

Comprender la necesidad de establecer estrategias de difusión y promoción, acordes e integradas, desde la visión de la protección patrimonial y el acceso de los ciudadanos a los bienes culturales es un desafío. Los itinerarios y rutas culturales constituyen siempre un atractivo turístico importante, pueden posicionar una región, una localidad y, a la vez, necesitan de acciones coordinadas de los actores involucrados para que el disfrute de los ciudadanos sobre este tipo de bienes vaya acompañado de la garantía de supervivencia de estos mismos.

De nada vale promocionar los accesos a un patrimonio identificado como monumento histórico, si no se garantiza la racionalidad en el acceso a este, asegurando mediante estrategias coordinadas la garantía de disfrute hacia futuras generaciones Así entendidas, las políticas turísticas se enriquecen desde la convicción en la complementariedad de estas mismas con las acciones de política cultural tendientes a la protección de los bienes patrimoniales, en el marco de una estrategia de gestión asociada.

Hemos contado con el invalorable apoyo de la UNESCO para avanzar en estas reflexiones, desde una visión integradora de las políticas culturales y su relación con las estrategias turísticas.

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A todos los especialistas que nos acompañaron en este proyecto, el agradecimiento por su participación y el invalorable aporte de su experiencia. Módulo II: Diseño y gestión de los productos turísticos. Especialmente los americanos, del norte y del sur; y los japoneses, a partir de los 60, se dirigían a Europa a observar las maravillas de los palacios, catedrales, monumentos, grandiosas obras de arte de todo el mundo albergadas en museos y abadías.

Si bien no se hablaba de turismo cultural este movimiento era indudablemente parte de ese fenómeno. Las innovaciones en torno al turismo cultural son también resultado del énfasis puesto en la cultura como recurso y de la conciliación e interacción de las políticas culturales y las políticas turísticas. El movimiento de visitantes se convierte en un motor de desarrollo, como así también en portador de valores: cultura, historia, identidad, respeto por los pueblos y por sus recursos, ya sean culturales o naturales.

En este sentido, el turismo es un valor para la cultura, tanto como la cultura un recurso estratégico para el turismo. El diseño y elaboración de una política de turismo cultural debe contextualizarse en el campo institucionalizado de las políticas culturales.

Desde esta perspectiva, el turismo cultural debe ser parte del conjunto de acciones que se realizan desde el Estado en su papel de mediador y facilitador de los procesos culturales asociados a los grupos comunitarios y otras asociaciones no gubernamentales. La relevancia actual del turismo cultural requiere que las políticas culturales se ocupen de definir y realizar acciones tendientes a incrementar el desarrollo de estos destinos turísticos.

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Este proyecto tiene por objetivo general promover la formación y capacitación de recursos humanos involucrados en iniciativas de cultura, turismo, cooperación internacional y desarrollo sustentable. Este seminario actuó como disparador del proceso de capacitación previsto en el Programa de Gestores en Cultura y Turismo. Por lo que el turismo puede contribuir a un eficaz desarrollo socioeconómico sustentable, pero la creación de un producto turístico cultural requiere incorporar la dimensión empresarial y la económica.

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  • Mónica Lacarrieu se plantea una serie de interrogantes muy orientadores de la reflexión y los caminos a seguir en la gestión de recursos culturales como recursos turísticos. Por otro lado, se pregunta si es necesario implementar relevamientos en el campo de la gestión del turismo cultural. Al instrumentar un relevamiento generamos cambios, provocamos distorsiones y desvíos respecto de lo que los sujetos y grupos sociales producen y circulan.

    Esto lo relaciona acertadamente con el tema de la identidad y la autenticidad, abordada por varios autores y con opiniones diversas. Sin embargo, como señala la autora, buena parte de la diferencia entre un producto cultural y un producto turístico-cultural parece encontrarse en localidades rurales o semirurales y no en las megaciudades y, en ese sentido, en la comercialización de relatos populares.

    Rodrigo Azeredo Grünewald, su ponencia se refiere a los grupos originarios de Brasil, específicamente del territorio al sur del Estado de Bahía, donde tuvo lugar el primer desembarco de los portugueses, que denomina sitio del descubrimiento. Debido a ello, es que los Pataxós inician un proceso de rescate de su cultura a fin de volverse atractivos para el turismo. En otras palabras, la demanda turística centrada en conocer la cultura llevó a los Pataxó a generar nuevas formas culturales, a rescatar o crear rituales y a introducir nuevas palabras en su lengua para definir objetos, usos y costumbres.

    Azeredo debate, a través de lo que aconteció con los Pataxó —incluso recurriendo al ejemplo de la Reserva Ecológica de la Jaqueira-, el problema de la autenticidad que se espera, los indígenas exhiban. Partidaria tenaz de la ineludible participación de la población local en todo proceso de restauración, da cuenta de esta, o de su ausencia, en distintos momentos de puesta en valor de los sitios históricos. Esta exposición ofrece una reflexión sobre aspectos teóricos y filosóficos como así también temas operativos para encarar cualquier desarrollo de turismo rural.

    Señala los desafíos de la articulación con los espacios académicos, evitando la trivialización de los consumos culturales: siempre es necesario un abordaje científico de los aspectos patrimoniales y de una gestión sostenible del turismo, que tenga su apoyo en la producción cultural y en las comunidades. No solo señala peligros y desafíos sino que acierta al sugerir algunos caminos Pos se formula preguntas orientadoras cuyas respuestas son aperturas acerca de este tema que, indudablemente, requiere mayor indagación.

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    En la zona minero-industrial han encontrado elementos que se han valorado en el mercado, desde el punto de vista arquitectónico, museístico y recreativo. Y nuevamente marcan, como otros autores, que estas iniciativas de rehabilitación de edificios o conjuntos no es posible sin el concurso de empresas y entidades municipales, provinciales y nacionales. Los especialistas convocados para este trabajo abordan cuestiones centrales para quienes se inician en el conocimiento de esta relación entre cultura y turismo dirigido a generar herramientas que permitan conceptualizar productos turísticos culturales, desarrollarlos y comunicarlos.

    La metodología y los contenidos que conforman el curso a distancia se detallan en la Introducción, con la explicitación del diseño conceptual y la propuesta de esta tarea de capacitación. Aparentemente hay cierta claridad sobre que conjuntos de ítems culturales podrían ser turistificables, no obstante, se tiene cierto desconocimiento acerca de cuales pueden ser los recursos turístico-culturales a relevar, así como el para qué se hace necesario relevarlos, confundiendo, en general, un relevamiento de elementos patrimoniales con uno ligado al turismo cultural.

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    Es por ello, que en este artículo se hace necesario, en una primera instancia, definir qué entendemos por turismo cultural: es imprescindible a los fines de identificar recursos vinculados a ese campo, tener una cabal comprensión del concepto y de qué es lo que integra este concepto.

    Partiendo de esta visión, nos interesa no sólo describir o plantear el estado de la cuestión en torno de relevamientos ya implementados, sino también reflexionar críticamente sobre las formas, las funciones, los usos y apropiaciones, y los sentidos vinculados a aquellos.

    En el primero un proceso de relevamiento sería inacabado en tanto todo sería factible de ser visto como cultural y en consecuencia como turístico. En el segundo, se asociaría a la estrechez de ciertos ítems culturales consagrados en su calidad.

    En cierta forma, nacen de la idea mitificada que asocia el turismo cultural a espacios cargados de referentes y ofertas culturales que, obviamente, quedan acotados al campo de la cultura de trascendencia. En el ejemplo, no sólo queda claro qué se entiende por cultura y desde allí qué se jerarquiza y delimita dentro del turismo cultural, sino sobre todo permite observar estas tipificaciones y estereotipos son los que contribuyen en cierta segmentación y promoción de necesidades, demandas y ofertas vinculadas al turismo cultural.

    En este sentido, si como gestores debiéramos definir la importancia de realizar un relevamiento ligado a los recursos turístico-culturales de un territorio como este, es probable que partiéramos del preconcepto En una perspectiva similar, podríamos incluir un nuevo interrogante focalizando en un recurso cultural, visualizado como escasamente turístico-cultural.

    Es un concepto que significa peyorativamente ciertos sitios arqueológicos, como el que estamos mencionando. Como puede observarse hasta aquí, el turismo cultural se presenta complejo en relación con su definición y adjetivación.

    Las historias contadas acerca de estos nuevos sitios preservados fueron usualmente desconectadas de su inmediato ambiente social. Este supuesto sobre el cual se basa la construcción de ciertos destinos, no implica la geografía de un mundo turístico-cultural simplificado entre el desarrollo y el subdesarrollo. Es decir que el mundo en desarrollo también puede contar con atractivos patrimoniales o artísticos selectos o excepcionales culturalmente, los que trascienden el sitio que los vio nacer y obviamente definibles en su rentabilidad cultural.

    Es evidente que esta acepción en cierta forma, ha sido superada. Asimismo, la identidad podría ser un recurso por excelencia para estas nuevas formas de practicar el turismo. Considerando lo planteado hasta ahora, el turismo cultural se ha constituido entre dos visiones: una asociada a la estrechez y restrictividad cultural, es decir a la cultura de excepcionalidad y excelencia, otra vinculada a lo ordinario y cotidiano. En la primera, el turista se abstraería frente a ruinas, sitios patrimoniales monumentales, artes, museos, en la segunda, el turista se revelaría como un sujeto frente a otros sujetos objetivables, si bien diferenciados, al mismo tiempo interactuantes en el terreno de la supuesta autenticidad.

    Pero como también hemos planteado, a través de los ejemplos citados, este es un campo pleno de paradojas, contradicciones y de difícil definición. A lo dicho hasta aquí habría otras cuestiones que integrar. Parece inadmisible que este tipo de turismo pueda seguir la lógica de un turismo de masas y que revierta económicamente en los sitios y las poblaciones involucradas.

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    Por el otro, hay carnavales como el de Barranquilla en Colombia que, aunque masivo y ya declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por UNESCO, no generan réditos económicos para la comunidad y los organizadores. Como puede observarse, el presupuesto que lleva a pensar el turismo cultural como actividad estrictamente identitaria y guiada por la exclusividad, se da de bruces con situaciones empíricas que dejan entrever que la masividad y las implicancias económicas, en ocasiones, son parte de este campo.

    En la elaboración e implementación de relevamientos en el campo del turismo cultural se deben considerar algunas cuestiones.

    Desde esta perspectiva, se trata de gestionar pero también de establecer lineamientos estratégicos respecto de una política de turismo cultural, en este caso. El inventario, el relevamiento, la cartografía, el atlas, el registro y la base de datos son instrumentos clasificatorios e indudablemente de intervención que acaban operando sobre procesos sociopolíticos y culturales, aun cuando parezca que cuando los desarrollamos, sólo identificamos y sistematizamos información.

    Los inventarios —tal como suelen ser elaborados y aplicados— constituyen instrumentos de identificación y sistematización de las manifestaciones culturales, patrimoniales, turísticoculturales. Arizpe, Murdock y que luego fuera revisada y reeditada por otras instituciones.

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    En consecuencia, los inventarios suelen observarse como una forma de conocer el territorio, expresado o habitado a través de manifestaciones y significados de Santos Goncalves En cierta forma cuando estamos definiendo como denominaremos y en que sentido integraremos ciertos bienes y expresiones culturales, estamos generando abstracciones y elaborando propuestas clasificatorias con incidencia sobre el grado de valoración y la rentabilidad socio-cultural —no sólo económica- que damos a estas.

    En el campo del turismo cultural podemos iniciar el relevamiento desde la idea del recurso implicando en ella diferentes tipos de bienes y manifestaciones culturales —materiales e inmateriales, muebles e inmuebles, patrimoniales, ligados a las industrias culturales, museos, etc. Pero no siempre un recurso cultural se transforma en producto cultural, no siempre un recurso cultural llega a ser recurso turísticocultural y éste a su vez producto y oferta turístico-cultural.

    De recurso cultural a recurso turístico-cultural, de este a producto, oferta y tal vez consumo turístico cultural. Asimismo, en tanto y en general todo relevamiento es fabricado desde la gestión, omitimos las estrategias o juicios de valor presentes en la comunidad. Veamos algunos ejemplos al respecto.

    Tomemos por caso la localidad de Alta Gracia en Córdoba donde los recursos patrimoniales son diversos, sin embargo no todos son atractivos y productos turísticos. La estancia es indudablemente un recurso patrimonial, pero no necesariamente un producto turístico, sin embargo, es patrimonial desde la institucionalidad dada por las convenciones vinculadas a los gobiernos y organismos trasnacionales y se espera que por ello se convierta en un recurso turístico por efecto de su excelencia y exaltación cultural.

    No obstante, no sólo la comunidad se muestra a distancia del recurso patrimonial, sino que incluso el turismo se muestra reacio a su visita. Por el contrario, el museo del Che Guevara pareciera el producto turístico por excelencia, pues recibe visitas en forma permanente, no obstante, es un recurso cultural deslocalizado y a distancia de la comunidad local —de hecho, se ha convertido en un producto turístico sin transitar por su caracterización como recurso cultural y patrimonial-.

    Es decir que gestores y comunidades trabajan en procesos de construcción de aquello que culturalmente se define como valorable. Boissevain Op. Cuando se dice, como en el Atlas de Turismo Cultural de Cataluña que elaboramos un mapa de ofertas y productos turísticos, no sólo pensamos en un esquema de territorialización sino sobre todo en una individualización de bienes, recursos, productos.

    Pero poco se piensa en el relevamiento o atlas como un espacio de evaluación cualitativa, lo que implicaría justamente dar cuenta de los procesos de constitución de los bienes y manifestaciones en recursos, productos, ofertas, así como de los preconceptos y prejuicios subyacentes a ciertas identificaciones y no a otras.

    Es por ello que suelen reproducirse hasta el hartazgo ciertos productos y no otros: por ejemplo, el tango en Argentina se vuelve un producto turístico indiscutible e hipervalorizado como tal.

    Como hemos explicitado, el relevamiento es ante todo una estrategia de identificación, visibilización, objetivación y reconocimiento.